Colones vs dólares: el fin de una ventaja clara en medio de un nuevo ciclo global

Durante los últimos dos años, la #economía costarricense ha vivido una coyuntura poco común: #invertir en #colones no solo ofrecía #tasas de interés más altas que en #dólares, sino también una ganancia adicional derivada de la #apreciación del tipo de cambio. En términos simples, el inversionista ganaba “por partida doble”. Sin embargo, ese escenario empieza a cambiar.

El llamado “premio por invertir en colones” —la diferencia entre las #tasas en moneda local y en dólares, ajustada por el comportamiento del tipo de cambio— sigue siendo positivo. Hoy, los instrumentos en colones pueden ofrecer #rendimientos superiores en varios puntos porcentuales frente a los denominados en dólares. Pero ese diferencial ya no cuenta con el mismo respaldo que lo hizo tan atractivo recientemente.

La razón principal es que el fortalecimiento del colón, que fue clave para ese premio, parece haber alcanzado un punto de madurez. El tipo de cambio, que cayó de forma sostenida en los últimos años, difícilmente podrá repetir ese comportamiento con la misma intensidad. Por el contrario, el entorno internacional sugiere que el dólar podría recuperar terreno.

El contexto global ha cambiado de forma significativa. Por un lado, el conflicto en Medio Oriente ha introducido presiones sobre los precios del petróleo, el transporte y los insumos agrícolas. Esto implica un repunte de la #inflación a nivel internacional, no solo por el encarecimiento de la energía, sino por su efecto en cadena sobre toda la #economía. Por otro lado, la posibilidad de nuevas alzas arancelarias por parte de Estados Unidos añade un componente adicional: encarece el comercio global y reduce la eficiencia de las cadenas de suministro, generando una inflación más persistente.

Este doble shock —energético y comercial— tiene implicaciones claras. A nivel global, aumenta la probabilidad de un escenario de inflación más alta con menor crecimiento, lo que complica las decisiones de política monetaria. En ese contexto, es probable que las tasas de interés internacionales se mantengan elevadas por más tiempo, fortaleciendo al dólar como activo refugio.

Para Costa Rica, los efectos son directos. Se trata de una economía altamente dependiente de las importaciones, especialmente en energía y bienes intermedios. Un aumento en los precios internacionales tiende a trasladarse rápidamente a los costos internos. Hasta ahora, el colón fuerte ha servido como amortiguador, abaratando las importaciones y conteniendo la inflación. Pero si el tipo de cambio deja de caer o comienza a subir, ese efecto se revierte.

Ahí radica el principal riesgo hacia adelante: la convergencia de dos presiones inflacionarias. Por un lado, la inflación importada derivada del contexto internacional; por otro, una eventual depreciación del colón que encarezca aún más los bienes externos. Esta combinación podría marcar el fin del periodo de inflación excepcionalmente baja que ha experimentado el país.

En términos cambiarios, el equilibrio también está cambiando. A las fuerzas que sostenían la #apreciación del colón —ingreso de divisas por turismo, exportaciones e inversión— se suman ahora presiones en sentido contrario: mayor demanda de dólares para importar energía, mayor atractivo del dólar a nivel global y un entorno financiero internacional más restrictivo. El resultado más probable no es un salto abrupto, sino una estabilización seguida de una #depreciación moderada.

Todo esto redefine el análisis para inversionistas y agentes económicos. El premio por invertir en colones no desaparece, pero sí pierde parte de su solidez. Ya no se trata de una apuesta prácticamente segura, sino de una decisión que vuelve a depender del balance entre #tasas y #riesgo cambiario.

En este nuevo contexto, el dólar recupera relevancia como instrumento de cobertura. No necesariamente por ofrecer mayores #rendimientos directos, sino por su capacidad de proteger valor en escenarios de volatilidad e incertidumbre global.

La economía costarricense entra así en una fase distinta: menos marcada por la estabilidad cambiaria y más expuesta a los vaivenes del entorno internacional. Entender este cambio no es solo un ejercicio técnico, sino una necesidad práctica. Porque, en adelante, la diferencia entre invertir en colones o en dólares ya no estará definida únicamente por las tasas, sino por un contexto global que vuelve a pesar —y mucho— en las decisiones locales.