
Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) deja claro que no bajará la guardia frente a la inflación, el Banco Central de Costa Rica (#BCCR) parece haber optado por esperar a que los acontecimientos decidan por él. Esa diferencia de actitud no es un asunto técnico reservado a
Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) deja claro que no bajará la guardia frente a la inflación, el Banco Central de Costa Rica (#BCCR) parece haber optado por esperar a que los acontecimientos decidan por él. Esa diferencia de actitud no es un asunto técnico reservado a economistas: termina en el bolsillo de cada familia que ahorra, se endeuda o consume en este país.
Este miércoles 28 de octubre, la #Fed mantuvo su #tasa de referencia en el rango de 3,75% a 4%. A primera vista, una noticia tranquila. En el fondo, una advertencia que en San José convendría leer con más atención de la que se le ha prestado.
Una pausa que no es tregua
La Fed no se detuvo porque haya ganado la batalla contra la #inflación. Se detuvo para medir el efecto del alza que aplicó en septiembre, la primera en más de tres años. Los precios en Estados Unidos crecieron 3,7% interanual en septiembre, casi el doble de su meta de 2%.
La decisión ni siquiera fue unánime. Dos de los doce miembros con voto, Beth Hammack y Lisa Cook, pidieron subir la tasa de inmediato. El comunicado admitió que la inflación sigue elevada y dejó abierta la puerta a nuevos ajustes. El mercado lo entendió así: la probabilidad de un alza en diciembre subió a más de 82%.
En síntesis, Washington pospuso un paso que casi todos dan por hecho. La pregunta para Costa Rica no es si la Fed volverá a subir, sino si nuestro Banco Central está preparado para cuando lo haga.
El colón ya no paga por su riesgo
Hoy la Tasa de Política Monetaria (#TPM) costarricense está en 3%, entre 0,75 y 1 punto por debajo de la tasa de referencia en dólares. Si la Fed sube en diciembre y el Banco Central se queda quieto, la brecha se acercará a 1,25 puntos. Es una situación anómala: la moneda de una economía pequeña y abierta rinde menos que la moneda de reserva del mundo.
El indicador que debería encender alarmas es el premio por invertir en colones, es decir, cuánto gana quien ahorra en moneda nacional frente a quien lo hace en dólares, una vez descontadas las expectativas cambiarias. Ese premio ya estaba en terreno negativo en los principales plazos desde el primer trimestre del año. Desde entonces, el Banco Central recortó en julio y la Fed subió en septiembre. No hace falta un modelo econométrico para saber hacia dónde se movió el incentivo.
Lo que ha contenido el problema no ha sido la política monetaria, sino la abundancia de #dólares que entra al país. El tipo de cambio ronda los ₡455, en niveles no vistos en dos décadas. Pero la historia económica costarricense enseña que los desalineamientos de tasas se pagan tarde y de golpe: cuando el flujo de #divisas se modera, los portafolios se recomponen y el tipo de cambio corrige con brusquedad. Confiar en que la marea de #dólares no bajará no es una estrategia; es una apuesta.
El 26 de noviembre: otra pausa sin rumbo
Lo más probable es que, en su última reunión del año, la Junta Directiva del Banco Central mantenga la TPM en 3%. Será una decisión defendible en el papel. El problema es lo que revela sobre la conducción de la política monetaria.
En septiembre, la Junta mantuvo la tasa por cinco votos contra dos, apartándose de la recomendación de su propia División Económica, que pedía recortar. El argumento fue la incertidumbre externa: el petróleo, la guerra en Ucrania, el fenómeno de El Niño. Los técnicos, en cambio, señalaron una inflación subyacente negativa y una economía que se desacelera. Cuando la cúpula de una institución contradice a su cuerpo técnico, lo mínimo exigible es una explicación pública convincente. No la hubo.
Esa es la crítica de fondo. El Banco Central lleva más de tres años sin cumplir su propio mandato: la inflación acumula 41 meses por debajo del rango de 2% a 4%, y en septiembre apenas llegó a 0,34%. Ha fallado por abajo con la misma persistencia con que otros bancos centrales fallan por arriba. Y ahora, cuando por fin la inflación asoma en terreno positivo y la Fed endurece su postura, la respuesta será otra vez quedarse quieto.
Mantener la tasa no es en sí un error. El error es que el Banco Central no le dice al país qué haría si el diferencial con la Fed sigue ampliándose, qué nivel de premio en colones considera tolerable, ni cuánto tiempo más piensa sostener el tipo de cambio con compras de divisas. Una autoridad monetaria creíble no solo decide; anticipa y explica. La prudencia sin comunicación se parece demasiado a la inercia.
Lo que el consumidor debe entender
Si el Banco Central no le habla con claridad al ciudadano, alguien tiene que hacerlo. El mensaje de fondo es sencillo: las condiciones que hoy parecen cómodas no están garantizadas, y conviene prepararse antes de que cambien.
Quien ahorra en colones está perdiendo terreno. Las tasas en moneda nacional son bajas y la inflación ya dejó de restar a favor del ahorrante. Con precios que vuelven a subir, el rendimiento real de un certificado en colones se acerca a cero. Ahorrar sigue siendo una virtud; ahorrar sin mirar la tasa real ya no lo es.
Quien gana en colones y debe en dólares vive un alivio prestado. El tipo de cambio bajo ha abaratado esas cuotas, pero el riesgo es doble: si la Fed sube, las tasas en dólares se encarecen; si el colón se debilita, cada dólar adeudado cuesta más colones. Es el momento de revisar si ese crédito tiene tasa variable y de considerar trasladarlo a colones mientras las condiciones lo permiten.
El crédito en colones seguirá relativamente barato, pero no indefinidamente. Quien planee una inversión importante debería evaluar fijar condiciones ahora, en lugar de asumir que las tasas bajas son permanentes.
El costo de vida ya cambió de dirección. Combustibles y alimentos importados serán los primeros en sentir la presión externa. Después de tres años de precios estables o a la baja, muchas familias ajustaron su presupuesto a una realidad que empieza a terminar.
La regla prudente es diversificar. No poner todo el patrimonio en una sola moneda ni todas las deudas en la moneda equivocada. Para quien piensa en su retiro, este es el tipo de coyuntura en que una mala distribución entre colones y dólares puede costar años de esfuerzo.
Prudencia no es pasividad
La prudencia es una virtud en la banca central, y nadie razonable pide al Banco Central decisiones temerarias. Pero la prudencia exige criterio, anticipación y una explicación honesta al público. Lo que hemos visto en 2026 es otra cosa: una Junta dividida, un cuerpo técnico desoído y un país que se entera de las razones a medias.
La Fed acaba de recordarnos que el ciclo internacional cambió. El Banco Central tiene un mes para demostrar que lo entendió. Mientras tanto, el consumidor costarricense haría bien en no esperar a que se lo expliquen.
