
En 2020, tres de cada diez personas pensionadas que recibieron los fondos del Régimen Obligatorio de Pensión Complementaria (#ROPC) en un solo tracto, continuaban trabajando de forma remunerada y prácticamente la mitad de ellos lo hacía por necesidad.
El resultado es parte de los hallazgos de una Encuesta de usos dados al ROPC por los pensionados que retiraron el total, dada a conocer ese año por la Superintendencia de Pensiones (#SUPEN); se aplicó a personas pensionadas que retiraron en un sólo tracto el ROPC entre enero de 2011 y el 30 de junio de 2020.
Aunque la data tiene dos años y ya no es posible llevarse el ROPC en un solo tracto (salvo por enfrentar una enfermedad terminal calificada por la #CCSS o tener 65 años sin haber consolidado los requisitos para obtener la pensión del régimen básico), dado que el afiliado debe escoger dentro de las distintas modalidades de retiro de los fondos (Retiro Programado, Renta Permanente, Renta Temporal y Renta Vitalicia), los resultados de ese estudio permanecen absolutamente vigentes, y es necesario que afiliados, operadores y reguladores, tomemos cartas con miras a que la vejez sea una etapa previamente planificada, que nos garantice una “vida digna”.
Esto toma mayor peso toda vez que el monto de la #pensión del régimen básico tiende a disminuir y, por mucho, sigue siendo la mayor porción de la pensión a recibir. Como detallé en otro momento, se prevé que la tasa de #reemplazo (el porcentaje que se recibirá como pensión en relación con los últimos salarios recibidos) del régimen básico de pensión (en Costa Rica #IVM, #JUPEMA, #PoderJudicial) alcanzaría el 50%, en tanto, la del ROPC sería del 25%.
Los resultados del estudio dejaron claro una parte importante de quienes recibieron el ROPC en un solo tracto, no lo administraron de manera les ayudara en la economía del hogar a largo plazo, sino más bien, lo gastaron en corto plazo y en la cotidianidad. Veamos, el 32% recibieron 5 millones de colones o más, 35% de 1 millón a menos de 5 millones, y el restante 33% de 100 mil a menos de 1 millón. De ellos, el 42% retiraron el ROPC hacía menos de 3 años, y 84% hacía menos de 7 años; 75% dijeron de haber podido escoger, igual hubieran retirado todo el ROPC en un solo tracto.
Entre quienes ya no tenían los recursos retirados del ROPC, a 54% les duró menos de un año y 85% lo gastaron en menos de 3 años. Aunque era variada la lista de rubros en que lo invirtieron (gastaron), los más mencionados fueron: mejoras de la casa, gastos del día a día, pagar deudas y gastos médicos.
Las respuestas fueron contundentes. Aquella “máxima de derecho” que algunos usan para decir “es mi ahorro y soy quien mejor lo administra”, claramente está alejada de la realidad. Por eso, son irresponsables las propuestas y proyectos que pretenden adelantar parte de esos fondos a los #afiliados (se para pagar crédito u otros usos); la evidencia es que se “gastan rápido” y su uso mayoritariamente no se da para mejorar la calidad de vida de sus dueños y menos para dar mayor protección en la etapa de la vejez. Como sentencia el estudio de SUPEN, entregar los dineros del ROPC “sería -en el mejor de los casos- una solución cortoplacista con efectos desfavorables en el largo plazo”.
Una de las principales conclusiones de esta investigación, más que obvia, es la necesidad de educar a la población trabajadora costarricense respecto de la administración de recursos para la pensión; esto es vital. En realidad, va más allá de las pensiones, la verdad es que los diferentes actores vinculados al sistema financiero en general, tal como los operadores en el mercado de valores, financiero, pensiones y seguros, deben tomar cartas en el asunto e invertir de manera planificada y estratégica en esta tarea. ¡Sí todo sigue igual, sucederá siempre lo mismo!
En el caso concreto de las operadoras de pensiones (OPC), enfocadas en mejorar la toma de decisiones de los afiliados para prepararse económicamente para el retiro y en construir la confianza para los trabajadores se dejen asesorar por ellas. Esto exige, de parte de las OPC, trabajar en el acercamiento a los trabajadores, de todos los estratos socioeconómicos, pero, especialmente, con los de menores ingresos.
Les corresponde a los administradores de los fondos de pensión (básicos y complementarios), como a los mismos reguladores, cultivar en los afiliados la semilla de la calidad de vida para la #vejez, conocedores que se irán perdiendo las habilidades para trabajar y generar recursos por este medio y que habrá mayor necesidad en temas de #salud, a la vez, se querrá disfrutar del tiempo libre para pasear o viajar, y solo será posible si se cuenta con recursos para más que solo sobrevivir.
Aunque como bien indica la #encuesta, la población de bajos recursos es la que encontrará más difícil lograr lo anterior, es también la que más requiere trabajar en ello y recibir apoyo para entender cómo hacerlo de la manera más efectiva y funcional, sin creer está desprovista de la oportunidad porque solo le alcanza para el día a día.
El otro elemento concluyente del estudio es la necesidad de construir el hábito de #ahorrar o crear otras fuentes de ingresos para la vejez, que generen rendimientos por sí solas al tiempo del retiro. Aquí, se abre una gran veta en general para el mercado de valores y pensiones, y dentro de éste último, para los planes voluntarios de pensiones, cuya penetración sigue siendo baja, tal como lo evidencia la encuesta (11% dijeron del total haberlos tenido al pensionarse y solo 33% los recomiendan a los trabajadores).
Por su puesto, que los retos para el sistema previsional son muchos, por ejemplo, del lado de los regímenes básicos, cómo hacerlos sostenibles sin castigar las finanzas públicas, ni presionar a la baja los beneficios a costa de aumento de cuotas; del lado de los regímenes complementarios cómo migrar a esquemas que contribuyan a ajustar los fondos a las diferentes generaciones de afiliados para en tiempos de crisis no minen sus saldos, etc. ¡Tarea por delante hay mucha!
