
Los rendimientos de nuestros fondos de pensión del Régimen Obligatorio Complementario (ROP) han estado en la picota en las últimas semanas. Sin duda la muy limitada educación financiera que en general tenemos los costarricenses (no escapa del promedio de la población de mercados emergentes) juega un papel trascendente para razonar las decisiones que más convienen al sistema, pues al calor de los números (rendimientos negativos) es fácil dejarse llevar y proponer cualquier barbaridad (como que devuelvan esos fondos a cada persona y que cada uno se encargue de administrarlo como mejor disponga).
Semanas atrás la superintendente de entidades financieras y de la superintendencia de pensiones, Rocío Aguilar, publicó un artículo muy interesante donde explica con lujo de detalle lo que ha venido ocasionando la baja de rendimientos, pero en especial, llamó mi atención que la superintendente reconoce la necesidad “de migrar hacia un diseño de administración y riesgos por grupos de edad, permitiendo diferentes estrategias de inversión, lo que beneficiaría puntualmente a las personas pensionadas o próximas a estarlo”, y agrega doña Rocío que sobre ese tema la SUPEN presentará próximamente una propuesta.
Este esquema al que recomienda migrar la jerarca de SUPEN es al que en diciembre de 2019 migraron las Afores en México (el equivalente a las OPC en Costa Rica); dicho sea de paso los fondos del régimen obligatorio en aquel país, que por estos días celebra su tradicional día de muertos, no tienen mucho que celebrar igual que aquí, pues también sus rendimientos han venido en picada, en buena medida por las mismas razones que ha sucedido en Costa Rica y que convergen en el escenario mundial (guerra en Ucrania, economía mundial desacelerada, altos precios de los commodities, etc).
México a diferencia nuestra durante muchos años tuvo un esquema de multifondos, que como sucedió en Chile, fue objeto de críticas porque no consiguió cumplir su promesa de mejores rendimientos para los afiliados al momento de su retiro. Según entiendo, las autoridades de la SUPEN y el CONASSIF hace diez años analizaron la posibilidad de migrar a ese esquema, pero nunca se dio el paso pues no estaban seguros de su conveniencia, especialmente, porque el volumen de los fondos entonces y la cantidad de afiliados, atentaban contra la misma industria, ya que no daban para crear cada uno de los fondos que se requería. Es decir, se corría el riesgo de que desaparecieran algunas OPC, disminuir competencia y generar concentración.
El nuevo esquema de fondos generacionales, si se aplica algo parecido a lo que se implementó en México, pretende producir resultados en términos del ingreso en la etapa del retiro. En este régimen al trabajador se le asigna un fondo de acuerdo a su año de nacimiento y permanece hasta su retiro. La inversión de sus ahorros va adecuando dentro del mismo fondo.
Además, esto supondría que el trabajador ya no cambiará de fondo (ni de OPC) conforme avance al siguiente grupo de edad, lo que permitirá aprovechar mejor los beneficios a largo plazo de la inversión de sus recursos. Es decir, el afiliado permanecería en el mismo fondo generacional durante toda su vida laboral y la estrategia de inversión se irá adecuando con el transcurso del tiempo hacia inversiones cada vez más conservadoras conforme se acerca a su edad de retiro.
En México, para no perjudicar la libertad del trabajador de escogencia, se le permite ante su solicitud, ubicarse en una SIEFORE distinta a la que corresponda a su generación. Es decir, el trabajador retiene la flexibilidad de escoger las condiciones de riesgo y rendimiento que a su juicio le parezcan más convenientes. Lo sensato seguramente será en la normativa costarricenses adoptar esta misma medida.
Ahora bien, el éxito o fracaso de este modelo que pronto propondrá doña Rocío, no pasará su examen (como no lo pasaron los multifondos en otros países en otros momentos, y a lo mejor el mismo ROP en nuestro país) si por un lado no se cuenta con un régimen de inversión que provea a las OPC de mejores herramientas defensivas ante ciclos de volatilidad. Más aún, si no se dan los cambios relevantes en la regulación y ni que decir, en particular, en nuestro mercado de valores, que sigue siendo un mercado predominante de bonos del Banco Central y el Gobierno. Esto imposibilitaría conformar los portafolios para satisfacer la demanda de inversión de esos fondos y hacer una diferencia sustantiva entre uno y otro. Todo lo demás es jugar de casita!
De verdad la regulación debe cambiar. Es sumamente restrictiva, incluso para la inversión en el exterior en papeles que son de “bajo riesgo” (con grado de inversión superior a los papeles caseros del Central y el mismo Gobierno).
Uno entiende, por ejemplo, a propósito de restricciones de la regulación, que a las OPC el Central les hay pedido presentar un plan de compras de la divisa extranjera, máxime en el contexto en que se tomó esa decisión (presiones al alza sobre el tipo de cambio), pero no se le puede responsabilizar las OPC por la pequeñez de nuestro mercado (hablamos de unos 16 mil millones dólares de los que casi 9 mil millones los gestionan las OPC), ya que en el país es imposible colocar esos volúmenes.
Coincidirán conmigo cuando digo que hay una clara contradicción de objetivos, por un lado la relevante estabilidad macroeconómica y por otro la eficiencia y rentabilidad de los esquemas de los fondos de pensiones.
Finalmente, un tema no menor al que en reiteradas ocasiones me he referido y que como al principio de este artículo señalé se vuelve en nuestra contra, es la educación financiera de nuestra población.
Obsérvese como actúan los mercados ante temas coyunturales (porque esto de las minusvalías en las inversiones y bajas en los rendimientos no sucede solo en Costa Rica), ellos mismos se encargan de inculcar cierto temor a los afiliados (y a la población), pese a que saben que estos “sube y baja” son temas atinentes a los propios mercados. Y eso sucede porque irresponsablemente nos siguen vendiendo la idea de “ganar siempre” (no es culpa entonces de los afiliados no entender como “perdemos”).
De nuevo entonces volvemos al principio…dediquémonos a educar financieramente un poco a nuestros afiliados y población. Y por supuesto alertas a la propuesta de fondos generacionales de la SUPEN.
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