
La renta vitalicia es la modalidad de pensión mediante la cual el afiliado contrata, con una entidad aseguradora autorizada en el país, una renta #vitalicia mensual, por lo cual esta última se obliga al pago de esa renta, desde el momento en que se suscribe el contrato (generalmente cuando la persona se pensiona) hasta su fallecimiento.
En Costa Rica ninguna de las aseguradoras inscritas ante la Superintendencia de Seguros (#SUGESE) ofrece este tipo de producto para que lo puedan disfrutar los #jubilados empleando sus recursos acumulados en el Régimen Obligatorio de Pensión Complementaria (#ROPC).
Recordemos que para acceder a los recursos del ROPC es necesario que el trabajador cumpla los requisitos de #pensión de su régimen básico y contrate un plan de #beneficio. Esta es la modalidad de pensión que deben elegir los afiliados o beneficiarios del ROPC para retirar los recursos de ese régimen y que complementan la pensión obtenida por el régimen básico.
La renta vitalicia es una de las opciones autorizadas dentro de los planes de beneficio; las otras son el retiro programado, renta temporal, renta permanente y renta a plazo cotizado, ya abordadas en otro artículo El ROP y como retirarlo (podcastpage.io). A mayo anterior más de 52 mil personas se habían acogido a alguna de estas modalidades.
¿Qué pasa con las rentas vitalicias? ¿Cómo podemos evitar la pobreza en la “vejez y tener la confianza de que nuestros ahorros serán suficientes para cubrir nuestras necesidades en los años posteriores a la jubilación? Entre otras soluciones, las pensiones vitalicias pueden ser una herramienta interesante para encarar la extendida #longevidad; así lo aborda Manuel García Huitron en su artículo titulado “Pensiones vitalicias: una oportunidad de innovación para América Latina y el Caribe”, publicado en la página del Banco Interamericano de Desarrollo (#BID).
Si bien en el caso de Costa Rica los pensionados de los diferentes regímenes básicos reciben una pensión con carácter de vitalicia, en lo que respecta al ROPC, los productos ofrecidos obligan al trabajador a adquirir un plan de pagos sin mayor protección ante la eventualidad de vivir más de lo esperado, esto es lo que se conoce como #riesgo de longevidad. El retiro programado y la renta a plazo cotizado son ejemplos con esas características, ya que no ofrecen pagos vitalicios y funcionan más como rentas financieras.
En tanto, al contratar una renta vitalicia, el riesgo de longevidad individual es asumido por la compañía de seguros de vida, quien a su vez lo diversifica en el grupo de asegurados. En la mayoría de los casos el riesgo demográfico (diferencias entre la mortalidad del grupo asegurado y las Tablas de vida) también es absorbido por la compañía de seguros de vida (este último riesgo, aun cuando no es diversificable, podría ser traspasado a una compañía reaseguradora). Algunos tipos de rentas vitalicias transfieren (total o parcialmente) el riesgo de rentabilidad al pensionado, mientras que en otros casos este lo retiene la compañía de seguros.
Ahora bien, en los esquemas de beneficio definido (como los regímenes básicos de pensión en el país), la mayor longevidad tiene un impacto directo en la viabilidad del sistema, convirtiéndose los años de cotización en un gran obstáculo para finalmente acceder la pensión, además, sabemos que el monto de la misma tiende a ser cada vez menor en razón justamente de la #sostenibilidad de esos regímenes.
En el caso del ROPC, cuya tasa de #reemplazo rondaría el 25% (se conoce como tasa de reemplazo al porcentaje que se recibirá como pensión en relación con los últimos salarios recibidos), como se ha señalado, presenta una escasa oferta de opciones para adquirir productos financieros de #desacumulación (para el pago de pensiones en la etapa de retiro del trabajador) que consideren ingresos vitalicios.
Como bien lo indica García Huitron “Un sistema de pensiones debe tener como objetivo proporcionar ingresos de jubilación de por vida en lugar de pagos únicos al momento del retiro”. Agrego que, aunque en el caso costarricense no se trate de pagos únicos, si se trata de pagos con tendencia decreciente.
En América Latina (#Latam) los incipientes niveles de #ahorro impiden el desarrollo de mercados de rentas vitalicias; con excepción de Chile, no existen mercados funcionales de rentas vitalicias en la región.
Pero ya algunos países latinoamericanos y el Caribe exploran soluciones para enfrentar esta debilidad. ¿La solución? Compartir el riesgo de longevidad, ya sea en el fondo de pensiones o bien en un fondo colectivo nacional que ofrezca pagos vitalicios. A este tipo de producto financiero de pensiones se le conoce en el mundo como “fondo de ingresos de longevidad”, “fondo mutuo previsional”, “anualidad colectiva variable” o “mensualidad vitalicia”.
En Uruguay, Chile y Colombia ya se están explorando estas vías que ya existen en países como Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Islandia, Israel, Países Bajos, Singapur y Suecia.
Aprender de lo que están implementado o han implementado esos países es imperioso para considerar este tipo de soluciones como opción para el diseño de los planes de pensión de contribución definida.
Estoy seguro que todos los actores del sistema de pensiones, incluida la misma Superintendencia de Pensiones (#SUPEN), responsable de regular y supervisar los diferentes regímenes de pensiones en que están los trabajadores, tienen clara la importancia del desarrollo de un esquema de pensiones vitalicias en el país.
